DP156-S3: « La ira compulsiva» – por pastor Fernando Campusano

Iglesia Tiempo Salvador
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DP156-S3: « La ira compulsiva» – por pastor Fernando Campusano
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Pr 22:24,25 » No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma».

Nadie nace siendo iracundo, la ira es una emoción que se debe educar, controlar.

El iracundo llega a serlo por distintas razones pero es él , el que tiene que recapacitar y decidir poner fin a un sentimiento que se ha vuelto compulsivo, debe dejar de justificar sus constantes  arrebatos porque no es saludable para nadie.

Debe analizarse y ver que si siempre se está peleando   con todos,  no son los demás los culpables de estas constantes reacciones.

Como se ha convertido en adicción, primero se debe reconocer para ser curado.

Dios está dispuesto a ayudar al humilde.

A continuación pongo una parte muy buena de un artículo extraído de Internet.

Por mi parte me despido y les dejo el artículo para leerlo con calma.

La moderna investigación psicológica nos enseña que la ira no es una disposición, no es un hecho constitucional; es decir, uno no nace así. En lo esencial, la ira y la cólera son el resultado de una mala educación que produce graves lesiones psíquicas en el niño en edad de desarrollo. El niño cuanto más sojuzgado, cuanto más incomprendido, cuanto más rebajado sea en su dignidad por sus formadores – papás, maestros, el ambiente, etc. – tanto más sensible se hará con respecto a los ataques reales o imaginarios que se efectúen al sentido de su propio valer. Todas las personas iracundas han sufrido mucho en su juventud debido a fuertes sensaciones de inferioridad. Debido a esto, adquirieron una imagen bastante hostil del mundo y de las personas, la cual llevan consigo en su subconsciente. De allí que ellos no pueden acercarse demasiado a otras personas, pues tienen miedo a sufrir lo que experimentaron en el pasado. De hecho viven una especie de soledad sentimental y adoptan ciertos mecanismos de auto-defensa. También tienden a querer demostrar que ellos «valen» y a querer dominar, porque ellos se dicen a sí mismos: Antes que me dominen, como me dominaban en el pasado, yo voy a dominar.

Se puede observar también que las personas iracundas son súper-sensibles. Cualquier acción contraria a la que ellos han indicado les hace sentirse atropellados, porque les recuerda las impresiones que vivieron en su infancia: la severidad de sus papás, la dureza de su ambiente, etc., las cuales los han hecho alérgicos de tal manera a esas críticas y desacuerdos de opinión, que piensan que deben defenderse con gritos y de forma frenética para no sufrir. Dice Joseph Ramnas que solamente se puede comprender a estas personas iracundas, si se tiene conocimiento de las humillaciones y desesperaciones habidas en el interior de su desarrollo psíquico.

De hecho resulta entonces que una persona colérica se desahoga con su inocente esposa, con sus hijos – que no tienen culpa alguna de su problema – y con sus subordinados en una empresa o en cualquier oficio, quienes ignoran en la mayoría de estos casos toda la desgracia y el desconsuelo habido durante su crecimiento y desarrollo. Las personas coléricas, en el fondo, creen tener un temperamento acalorado y no se están dando cuenta de que se están vengando en personas inocentes de un daño que les hicieron en su niñez. Es un mecanismo de defensa, una forma de desahogar su problemática y de vengarse con aquellos que les hicieron daño. Pero, curiosamente, esa venganza la están proyectando en los seres más cercanos a ellos que no tienen nada que ver con el asunto.

¿Qué hacer ante una situación así? Pues perdonar, comprender y ayudarlos a cambiar. Son personas también muy buenas, de grandes cualidades, pero que tristemente esta faceta de su vida no está bien elaborada, por su problemática interior del pasado. En parte son víctimas; también en parte son culpables. Por eso, ore mucho por esa persona, pídale a Dios que le dé la fuerza necesaria para comprender y ayudar a cambiar a esa persona colérica y no se olvide, con el Señor se puede, porque ¡CON DIOS, USTED ES… INVENCIBLE!

Atte. Pastor  Fernando David Campusano Márquez

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