1 «Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.
2 Y abriendo su boca les enseñaba…» (Mateo 5)
Las bienaventuranzas están en el famoso sermón del monte, donde Jesús centra las conductas de los hijos de Dios basadas en el amor en medio de un mundo perverso.
A muchos de los que leen este sermón les parece imposible practicar lo que
Se enseña. Cuando Jesús entrega está enseñanza, la hace a sus discípulos a los que han recibido a Jesús como Señor y han nacido de nuevo, por lo tanto Jesús no está pidiendo que hagamos algo que no se puede, sino que lo que el hizo también lo podemos hacer.
Como estas acciones están basadas en el amor verdadero podemos decir que todo lo puede, sólo tenemos que estar seguros que sí hemos recibido a Jesús en nuestros corazones con la decisión de seguirle, porque la vida de un verdadero creyente hace lo que el hombre común no puede.
44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?
47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?
Así que debemos ahora demostrar con nuestro vivir que somos hijos de nuestro Padre que está en los cielos.
Esto nos hace Bienaventurados.
Atte. Pastor Campusano.