Mt 14:23 «Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.»
Los días del Ministerio de Jesús fueron realmente agotadores y así pasa con todo aquel que está comprometido verdaderamente con seguir al maestro. Aunque extenuante cada jornada, debe empezar con oración y terminarse con oración.
Después de tanto trabajo con miles de personas en un sólo día, Jesús embarcó a los doce, despidió a la multitud, y subió al monte a orar, era necesario fortalecerse espiritualmente, estar a solas con el Padre, tener esos momentos sabrosos en comunión con el que todo lo sabe y el que todo lo puede.
A la edad de doce años Jesús tenía en claro su prioridad, ahora en los treinta y con tanto trabajo no podía descuidar su comunión y pretender hacer el trabajo sólo con fuerzas físicas, como dice un cantante amigo en una de sus canciones, «…hay un poder que no se ve pero se siente» y el Padre nos espera cada día para abastecernos de el.
En cada momento de oración a solas con el Padre tendrá su recompensa en público, acerquémonos con confianza pues él es galardonador de los que le buscan.
Aprovechemos los momentos adecuados para la oración, pues a veces se puede lamentar no habernos abastecido a tiempo, no sabemos lo que nos espera durante el día pero nuestro Señor sí, así que encomendemos nuestro día en sus manos para vivirlo con sus fuerzas y terminemos la jornada con gratitud.
Atte. Pastor Campusano.